“El mito del Comegente famaillense”

Nota de Autor

Una historia que todo famaillense habrá oído alguna vez, de boca de algún abuelo, en alguna ronda de mate o en una charla de aquellos memoriosos del bar, es la del “Comegente”. Pero… ¿De dónde viene cómo surgió? Te invitamos a descubrirlo en este artículo.

Corrían los tiempos de la molienda, en las calderas del, ahora desaparecido, Ingenio Baviera cuando empezó a gestarse el mito de “Don Comegente”. Calles de tierra y hollín, veían a diario dirigirse a don Victoriano Barrionuevo, acompañado de su compadre Salas, hacía el portón del monstruo de hierro para comenzar con la faena azucarera y ganarse el pan de cada día.

El físico de Victoriano, moreno, alto, fornido, con voz amenazante y cara de poco amigos, pronto le ganó fama de hombre con mucho carácter, y el temor de los niños, quienes lo veían caminar en el más perpetuo silencio por miedo de enojar “al gigante de barro”. Su vestimenta habitual, traje cruzado, y camiseta, acompañado del pañuelo atado al cuello, anteojos “culo de sifón” y los mechones de pelo blanco, lo hacían resaltar aún más entre el montón de hombres, en el cuál nunca pasaba desapercibido

Fue a la salida de una de esas jornadas de arduo trabajo, en “la máquina de azúcar”, la que selló su mote de “Comegente”. Salas apodado popularmente “el gordo” y Barrionuevo se dirigieron hacía el “Club social y Deportivo Nueva Baviera” (una cantina de barrio) para relajar la garganta con un vino barato.

Entre copa viene y copa va, como pasa ahora y como pasó siempre, los amigos se desconocieron y salieron a la vereda para arreglar a “lo guapo su diferencias”. Victoriano quien estaba acompañado por uno de sus pequeños hijos, hizo el amague de propinar el primer golpe, a lo que el niño atemorizado respondió advirtiendo a Salas, su padrino ” ¡No pélie’ padrino, no pélie’, lo va’ comé mi papá! ¡Lo va’ comé mi papá! Ante los gritos de la criatura ambos hombres desistieron de la pelea y rumbearon cada uno para su casa.

Cuentan los memoriosos, que producto de este altercado frustrado, el “gordo” Salas bautizó a Barrionuevo con el mote de “Come hombre”, gritado a viva voz desde la carpintería del ingenio. Con el tiempo el apodo se volvió popular y como tal fue varias veces modificado hasta llegar a la forma con que se lo conoce actualmente “Don comegente”.

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