Historia de nuestro pueblo

Historia de Nuestro Pueblo: Manuel “Pocholo” Reyes

En la primera entrega del año de esta sección especial dedicada a contar las historias de los vecinos famaillenses, decidimos plasmar con mucho cariño la palabra de “Don Pocholo de Laureles”

“Me llamó Manuel, pero todos me conocen como Pocholo” así se presenta en cámara el Señor Manuel Reyes Álvarez.

Don Manuel, más conocido como “Pocholo” vive en Laureles Norte, a la sombra del los cañaverales tucumanos. Su apodo por el cual es conocido en todo el pueblo, viene de antaño “me lo puso mi familia desde que era chiquito. Estamos en Laureles de abajo, Laureles Norte. Vivo frente a la familia Herrera” cuenta con una amplia sonrisa.

Don Pocholo, puso su casita en esta parte de la ciudad 30 años atrás. Anteriormente vivía en la zona de San Gabriel del Monte “cerquita, aquí nomás pasando la cancha de sacachispa para allá, para adentro. Ahí me crié yo. Pasando Sacachispa, viven las familias Fuentes, Monzón, Moreno. Nací en Monteros, en Los Costillas. Ahí tengo familia, dos hermanas nada más ‘monona’ Barrionuevo, y María Barrionuevo.

Durante su niñez, fue a la Escuela 200 y cursó hasta tercer grado “Mi señorita se llamaba Blanca y la directora era la Charo. Con los chicos jugábamos a las bolillas, con bolillas de cristal. Llevábamos los útiles en la mano” recuerda.

En Famaillá aún le queda una tía conocida como ‘pituca’ Álvarez en Elías Pérez. En sus años mozos trabajo en el Corralón del Nene San Martín, sobre la calle homónima. “Trabajamos varios changos. Atendía la Señora María Rosa, la esposa del dueño”.

“A mí me gusta Famaillá, voy en bicicleta todos los días. Voy a hacer las compras y vuelvo. Yo vivo solito, acompañado de unos perritos sin nombre. Yo me hago solo la comida, guisos, sopas me salen ricos”. Don Manuel tenía al momento de ser entrevistado por el equipo de Historia de Nuestro Pueblo 77 años, y en confianza contaba que nadie le colaboraba. Nunca fue un fanático de fútbol y jamás este deporte llamo su atención. Su tiempo lo pasa escuchando radio y se confiesa un fanático del chamamé “A mi me gusta estar aquí, se vive tranquilo. El único problema que tengo es que cuando me enfermo no hay nadie que me vea. Tengo que ir al Hospital de Famaillá”.

También recordó el trago amargo que debió pasar cuando le robaron la bicicleta que usaba para llegar a Famaillá “dos tenías y me las robaron. Una la dejé en la agencia de quiniela. La han llevado con candado y todo y no se supo más. De ahí me han regalado una, fue una chica del 200 viviendas. Ella fue y la dejo en la agencia”.

Esta nota fue redactada en base al material audiovisual producido por el equipo de Historia de Nuestro Pueblo.
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