Historia de nuestro pueblo

Historia de Nuestro Pueblo: Martín Ángel Nacif

En esta nueva entrega queremos destacar a Don Martin Ángel Nacif, recordado ex futbolista del Club Atlético Famaillá.

Don Nacif vive actualmente en el Barrio Eva Perón, tras una larga vida de trabajo y anécdotas. Lleva orgulloso el mismo nombre que su padre tal y como se acostumbraba en la época de su nacimiento.

Es conocido en todo el pueblo, y más aún por aquellos que peinan alguna que otra cana, por el gran papel que desempeñó en sus años de juventud cuando perteneció “al fama”. Corrían los 70 cuando Nacif vestía la camiseta del club de sus amores junto a “Chirino”; época en la cual se ganó el apodo con el se hizo popularmente conocido “Pelain”. Con la franqueza que sólo se puede reflejar en la mirada de quiénes han caminado mucho la vida, don Nacif admite entre risas que ‘pelain” es un sobrenombre que no le molesta y que supo recibir con cariño en la cancha.

Sobre aquellas épocas recuerda con alegría los encuentros disputados contra los rivales y especialmente aquellos dónde “el fama” era visitante y los jugadores debían trasladarse en colectivo hacía otros puntos de la provincia. Estos viajes le brindaban la posibilidad de lucirse a puro cántico con su particular imitación de “Joselito” y su “Dónde estarás mi vida”, el ícono musical español del momento.

¿dónde estará mi vía,
Porque no viene?
Que rosita encendera
Me lo entretiene.

Agua clara de caminos
Entre juncos y mimbrales,
Dile que tienen espinos
Las rosas de los rosales.

Dile que no hay colores
Que yo no tenga.
Que me muera de amores.
Dile que venga.

Jugando de 7 supo marcar sus goles contra Fronterita (rival máximo de Famaillá) Mercedes, siendo compañero de equipo de Domingo Sierra.

Durante muchos años llevó el pan a su hogar ejerciendo el viejo oficio de vendedor ambulante, una tarea ardua y sacrificada que lo hizo conocer de extremo a extremo las calles de nuestra ciudad. Masetero de vieja escuela, llegó en su bicicleta a conocerse hasta el último recoveco con tal de ofrecer sus masas en las tardes-siestas del pueblo “tenía que irme a la ciudad a comprar, traía y aquí las revendía”.
Su sello distintivo eran los silbidos que siempre hacía para anunciar su presencia a los vecinos de la zona, ‘fiando’ más de una vez a alguna que otra madre que no tenía en ese momento para pagarle “los chiquitos me esperaban y le decían a la madre ‘mamá cómprame una masa ahí viene pelain’ y a veces me respondían ‘ahora no tengo plata’ y yo les dejaba y les decía que otro día cuando tengan me paguen”.


Supo ganarse la vida desde muy joven vendiendo empanadas en la vieja estación al grito “lleve sus empanadas de Famaillá”.

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