Historia de nuestro pueblo

Historia de Nuestro Pueblo: Miguel Ávila

“Soy Miguel Ávila y estas son mis múltiples historias, porque como ustedes verán he abarcado bastante” de esta forma se presenta en cámara Don Miguel. 

El equipo de Historia de Nuestro Pueblo se trasladó está vez hacia la calle Laprida, dónde se ubica una emblemática peluquería. En ella los esperaba sentado con una amplia sonrisa su dueño, don “Miguelito Ávila”. 

Nació en la antigua localidad de Fronterita “Ya no existe Fronterita prácticamente. Es increíble que hoy vos puedas contarle a tus nietos que algunas vez hubo un pueblo tan lindo como fue Fronterita dónde nosotros creo que tuvimos la mejor infancia y la mejor juventud de aquella época dónde nosotros podíamos contar con todos los requisitos que necesitábamos. En aquella época teníamos pileta, cancha de fútbol, vóley, eso era Fronterita, era una familia muy grande con parte de la Colonia que eran parte de Fronterita como la familias Lescano, Aráoz, Alurralde, la familia Romano que en ese tiempo daba la comida a la gente que trabajaba en Fronterita. Y así infinidades, es mucha la gente que vivía allí”

Su educación la cursó en la Escuela 206 “Mi madre era conserje de la escuela, que también todo el mundo en aquella época la conocía, era Doña Inés. Yo me crié en la escuela, mi hogar era la 206, yo era la única persona que tenía casa con numeración porque era la Escuela 206. Fueron los mejores años de mi vida, tengo grandes de mi madre y todo ese tiempo” comenta Miguel entre risas. 

Ya en su juventud llegó a Famaillá luego del que el ingenio entrara en un mal período “creo que tenía 20 años cuando Fronterita comenzó a sacar a la gente cuestión de la empresa y nos trasladamos aca a Elías Pérez, cerca de La Cruz. Mariano Moreno era la calle. Nos venimos a vivir yo, mi vieja y una hermana mía. Y creo que sí, que tenía 22/23 años. Yo cuando salgo de Fronterita pensaba que dejaba lo mejor de mi vida, y que iba a volver siempre que iba a estar en contacto. Pero las cosas de la vida van cambiando, yo creo que todos pensamos lo mismo que nos vamos del terruño y que vamos a volver pero ya pasó esa época linda que era vivir en Fronterita y bueno tocó enfrentar otra sociedad. No era tan lejos pero ya era Famaillá y uno comienza a hacer amigos y se va olvidando un poquito, uno se adapta” puntualizó. 

Con su llegada a Elías Pérez, comenzó una nueva etapa de su vida marcada por los cambios “yo pienso que pasó como le pasa a todos los jóvenes que llega un momento que no sabes que es lo que vas a ser en tu vida. Es buscar lo que te gusta, no sabes si vas a ser albañil o que se yo peluquero, hay tantos rubros y no sabes en cuál vas a encajar. Gracias a Dios yo he tenido suerte, todas las cosas que he emprendido en mi vida me doy por satisfecho porque siempre lo he hecho con mucho amor, sin saber si ganas o perdés; lo importante era hacerlo y vivir”. 

A lo largo de los años realizó muchos trabajos en diferente áreas “trabaje en el ingenio, en la papelera, trabajé un tiempo en arcor, después en la estación de servicio, como expendedor de combustible. Ahí comencé la tarea de ir a la escuela, iba a la Escuela del Centro Comunitario en la cual estudiaba mecánica del automotor, y hay una anécdota ahí. En la escuela yo era un poco el líder, el que organizaba las fiestas que salíamos para aca, teníamos un grupo. Estábamos cerca de donde estaban las chicas que estudiaban cocina, y yo lideraba todo eso hacia la fiesta del estudiante entonces cuando terminamos de hacer el curso ese, al año siguiente pasamos todos a cocina porque queríamos seguir se había hecho un grupo una amistad linda con las chicas de cocina. En esa época la Señora de Medina que era del centro no nos permite porque sabíamos que nosotros más que nada queríamos ir a presumir“. 

De esta forma y como quien no quiere la cosa llegó a peluquería “bueno yo comienzo a buscar otra opción entró a carpintería, fui una semana y no me gustó. Ahí entró a peluquería y bueno soy sincero era ir porque tenía tiempo y charlar con las chicas y seguíamos con los eventos. Pero da la casualidad que yo empiezo a trabajar de a poco con la gente que llegaba y con el tiempo ya comienzo”. 

Recuerdo con mucho amor y cariño el tiempo que trabajo con los más pequeños como el ‘Payaso Miguelito’ “yo creo que fue algo fundamental en mi vida. Yo creo que soy uno de los primeros, y creo no equivocarme, de los animadores infantiles que hubo aquí en la ciudad de Famaillá. Y esto no lo digo por jactarme sino porque yo fui el primero que ha comenzado. Creo que tuve 40 años trabajando en fiestas infantiles. Yo tengo justo, justo el tiempo que empecé. La primera fiesta que hago, nos disfrazamos con un amigo para un sobrino mío. Llegamos a la fiesta pero éramos un desastre, los chicos lloraban, se iban corriendo. No ha quedado ni uno ese día en la fiesta. Y claro nosotros estábamos muy pintados, muy producidos y claro en esa época un payaso no iba a las fiestas. Después de esa vez, me habla un amigo mío para que le haga el cumpleaños de un hijo de una hermana de él que viene a ser la Señora de Monserrat que cumplía en ese entonces 3 años. Pero ya para esa fiesta me preparo con otra ropa que tenía la Mari Jiménez, con su hija nos hacen un buen traje y esa fiesta me sale buena. Ahí se arrima una persona y me dice ‘Miguel cuánto me cobras para animar la fiesta del siguiente domingo de mi hija’ y yo me acuerdo que le dije que le iba a cobrar x dinero. Entonces yo analizo y pensé ‘vivo hablando tonteras en la calle, aquí por lo menos voy a comer, voy a tomar gaseosa, voy a jugar con los chicos y me van a pagar y esas reflexiones que hago en ese momento hacen que yo empiece a trabajar con fiestas infantiles”. 

En su larga trayectoria trabajó en un sinfín de fiestas de pequeños famaillenses que hoy son padres y madres de familia “Trabajé muchísimos años, hasta a mis hijos a ellos nunca les faltó nada. Compartía conmigo, yo los llevaba. No era tanto lo que yo ganaba, lo que me satisfacía era que mis hijos durante sábado y domingo tenían su grupito, la gaseosa, la comida, su regalito. Y pensar que hay chicos que no tenían en todo el año una fiesta y los míos tenían todos los fines de semana. La gente me decía si iba a pasar a la mesa y yo les decía que no si, me podían preparar una cajita porque me gustaba calentar, entonces en la casa siempre había sandwich, empanadas, y era una realidad. Lo de payaso me dejó muchas satisfacciones. He viajado a Buenos Aires en Avión para una fiesta. He tenido el reconocimiento también de un amigo, del señor Palma que trabajaba en una radio, tengo la foto. En las fiestas yo siempre fui de ir actualizándome de viajar a Buenos Aires a comprar elementos, como el monito, Alf, después lo traje a Mickey y Minnie, Bob Esponja. Yo soy una persona de pensar, de divagar mucho así compre los poni, yo tenía una yegüita que era blanca y esa noche hubo una tormenta le cayó mora de la planta, así que al otro día cuando la fui a buscar me di cuenta que estaba pinta y me puse a pintarla. Al final parecía un dálmata y la gente la cudiseaba”.

 

La presente nota se redactó íntegramente con el material audiovisual producido por el equipo de Historia de Nuestro Pueblo.

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