La leyenda de los Reyes Magos, para los más pequeños…

En la madrugada del 6 de Enero, Melchor, Gaspar y Baltazar ofrecieron sus regalos al niño Jesús y a partir de entonces la tradición católica los celebra entregando presentes a los niños.

La leyenda

Cuenta la leyenda que tres Reyes de Oriente fueron elegidos por Dios para que fueran a reconocer a su hijo. Para guiarse los Reyes Magos siguieron una misteriosa estrella (la estrella de Belén) que los llevó hasta Belén, encima de un humilde establo donde acababa de nacer Jesús. 

Antes de llegar al pesebre Melchor, Gaspar y Baltazar encontraron al Rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén y creyendo en la bondad del monarca le preguntaron sobre el paradero del recién nacido rey de los Judíos. Astutamente Herodes negó conocer la ubicación, pero rogó a los reyes volver a su palacio y avisarle donde se encontraba el niño para poder ir adorarlo. 

Los reyes siguieron su viaje y finalmente llegaron a las puertas del pesebre. Saludaron a sus padres y se arrodillaron frente al niño, entregándole sus regalos: oro, incienso y mirra. La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los tres reyes magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si ellos obedecían a Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo sitio, tomaron otra ruta y evitaron a Herodes. 

Avisados por un ángel, José y María junto al niño lograron huir de Herodes quien al notar el engaño de los Reyes ordenó a sus soldados asesinar a todos los niños nacidos en los últimos dos años, suceso que pasaría a la historia como la Matanza de los Inocentes. 

Los regalos…

Los reyes entregaron 3 regalos a Jesús de Nazaret 

Oro: representa la naturaleza real del niño, es un regalo solo conferido a los reyes y reconoce a Jesús como el Rey de los Judíos. 

Incienso: representa la naturaleza divina del niño, aclama a Jesús como hijo de Dios.

Mirra: representa el futuro de Jesús, su próximo sufrimiento. Reconoce al mesías como un mortal. 

La tradición cuenta, que el niño dios eligió como regalo la Mirra haciendo a un lado el oro y el incienso. 

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