Tucumán adentro: Bella Vista, historias de lucha, azúcar y tabaco

Ubicada a 30 kilómetros del cordón montañoso del Aconquija y en cercanías al cauce del Río Colorado se encuentra la Ciudad de Bella Vista, cabecera del departamento Leales.

Si bien no cuenta con una fecha precisa de fundación, la historia de este pueblo se encuentra aunada al desarrollo de la industria azucarera en nuestra provincia y específicamente al Ingenio Bella Vista que años más tarde daría nombre a esta ciudad.

Los hermanos García Fernández llegaron a nuestro país a mediados del siglo XIX huyendo de las Guerras Carlistas en su natal España. El primero en llegar fue José quien se estableció en la provincia de Córdoba y logró juntar el dinero necesario para traer a sus hermanos vendiendo cigarrillos armados. En 1875 el menor de los hermanos, Luis, desaparece sin dejar rastros. Meses más tarde y ante una situación económica muy precaria José, decide enviar a Manuel a Tucumán en busca de tabaco. De esta inusual manera comienzan a escribirse las primeras páginas de la historia bellavistense.

El que luego sería conocido como uno de los empresarios más influyentes del interior tucumano llegó a la provincia con «una mano atrás y otra adelante». Una vez instalado,Manuel, comienza a comerciar con tabaco criollo y con sus modestos ahorros consigue alquilar dos piezas y adquirir una máquina de picar tabaco.

En sociedad con su hermano José lograron comprar 300 hectáreas de tierra en las que sembraron tabaco, amasando un capital que luego emplearían para comprar en 1880 los terrenos conocidos como «Los tres bajo», donde luego se emplazaría el Ingenio Bella Vista.

Durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, los hermanos solicitaron un préstamo para comprar maquinaria a vapor traída desde Francia, que pusiera en marcha el nuevo ingenio. En el año 1882 el ingenio fue inaugurado oficialmente con el nombre de «Bella Vista» y produjo 40 millones de kilos de azúcar, superando con creces las expectativas previstas. Los primeros trabajadores eran parte de los ranqueles capturados en la Conquista del Desierto, y «cedidos» por Roca para trabajar como peladores de caña, a los que luego se le sumaria la mano de obra inmigrante.
De la mano del ingenio comenzaron a surgir los primeros cuadros que luego darían paso a una lenta pero continua urbanización. En 1889 se construyeron los edificios que albergarían a la Comisaría y el Juzgado de Paz. La primera escuela perteneció al ingenio y comenzó a funcionar en 1895. La iglesia, el hospital y la plaza principal fueron construidos en los primeros del Siglo XX.

Los tiempos de crecimiento y prosperidad se verían opacados por la crisis azucarera y Bella Vista comenzaría a transitar las páginas más oscuras de su historia de la mano de Ongania y compañía. El presidente de facto, endureció una serie de medidas que destruían la actividad azucarera en la provincia, poniendo en jaque a los medianos y pequeños ingenios. Este plan sistémico para la desindustrialización de nuestra provincia fue continuado por los siguientes gobiernos militares dictatoriales.

En este contexto FOTIA (Federación Obrera de Trabajadores de la Industria Azucarera ) trazó un plan de lucha para evitar el cierre de los ingenios, endureciendo su brazo en Bella Vista ciudad natal de Atilio Rosario Santillán, Secretario general de la Federación. Las multitudinarias marchas y protestas de los bellavistenses fueron la cara visible de la lucha tucumana en pos de preservar la industria azucarera.
En 1965 el ingenio cerró sus puertas debido al ahogo financiero sufrido desde el Estado, motivo por el cual se creó la Comisión Pro Defensa Bella Vista que consiguió la reapertura del mismo a través de la creación de una Cooperativa de Trabajo en 1969.

Mediante protestas, marchas, y huelgas de hambres el pueblo bellavistense logró evitar el cierre del ingenio. Esta lucha como cualquier otra, no estuvo exenta de bajas, y le costó la vida a obreros y dirigentes como en el caso de Atilio Santillan quien fue asesinado por un comando militar en el año 76, o Eduardo Muro, quien fue secuestrado durante diez días por un grupo de tareas, convirtiéndose luego en uno de los primeros tucumanos en presentar su caso ante la CONADEP, y dar testimonio de lo vivido en el libro «Nunca más».

Bella Vista es una ciudad que surgió y creció unido al sueño del azúcar de dos hermanos que pasaron de vender cigarrillos armados, a codearse con los más altos personajes de la vida política y social. Lejos de conformarse con la actividad azucarera impulsaron, la fabricación de alcohol etílico, pasta de celulosa, e inclusive la industria textual a través del cultivo de los gusanos de seda, que permanecen congelados en el tiempo en la «Avenida de las moreras». En sus calles supo funcionar la filial tucumana Norwinco, la fábrica de fósforo, los Talleres Tubio, y una estación de ferrocarril, que ahora parecen ensoñaciones de un pasado de tiempos más simples.
Las chimeneas del ingenio, han marcado a sangre, hambre y azúcar la historia de un pueblo que siempre supo luchar, como lo describen los versos del inolvidable Lucho Díaz que en su tiempo escribía: «En los ríos de la vida, vagaron desesperanzas y desangró Tucumán por arterias de guitarras, el idioma del dolor dichos por hierros de fábricas».

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