Tucumán Adentro: Simoca «Cuna de la tradición y del Folklore».

Su nombre proviene del quechua «Shimukay” que se traduce como «lugar de gente tranquila y silenciosa» o «lugar de paz y reposo». La ciudad situada a 50 klm de la capital tucumana es cabecera del departamento homónimo, y se caracteriza por resguardar sus costumbres y tradiciones del paso continuo e imparable de los años.

La región habitada originariamente por los Beliches y Simocas, grupos aborígenes pertenecientes a la etnia Lules, comenzó a poblarse alrededor de 1720, aunque es mencionada en diversos registros históricos desde 1697.
Su fundación oficial como «Villa» llegaría siglos más tarde el 24 de Septiembre de 1859, fecha en la que inaugura la Iglesia consagrada a Nuestra Señora de las Mercedes.

Uno de los rasgos culturales más arraigado en la identidad y esencia simoqueña es sin lugar a dudas «La feria» cuyo orígenes se remontan por lo menos a 300 años atrás. La feria sabatina comenzó siendo un encuentro entre vecinos del pueblo y zonas aledañas ,quienes intercambiaban sus productos a través del trueque, tradición que aún persiste entre algunos puesteros locales. Originariamente se realizaba en la plaza principal, pero con la llegada del ferrocarril fue reubicada a metros del acceso principal de la ciudad.

Si bien la feria comenzó siendo una actividad comercial y parte del sustento familiar, pronto se convirtió en una tradición y emblema de la idiosincrasia simoqueña. Actualmente cuenta con más 100 puesteros, que se triplican en el mes de Julio, fecha en la que el pueblo vive con ansias «La fiesta Nacional de la Feria de Simoca».


Durante este mes alrededor de 300 puesteros distribuidos a lo largo de más de 400 metros ofrecen a propios y ajenos toda clase de productos típicos perfumando el aire con aroma a tradición.
Alafañakies, tabletas, rosquetes de anis y merengue, empanadillas, pastel de novia, trabajos en telar, cuero, madera, caña y plata, son algunos de los productos que se pueden encontrar al caminarla, finalizando el recorrido frente al imponente escenario Mercedes Sosa.

En octubre la ciudad vuelve a vestirse de fiesta para vivir el «Festival Nacional del Sulky» medio de transporte característico del norte colonial y rural que pervive en Simoca. Dejando traslucir la memoria de un pueblo que no está dispuesto a negociar su tradición.

La iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, el Museo Rosedal, la antigua estación de tren, la plaza principal Bartolomé Mitre, junto a la Réplica de la Casa Histórica, el Balneario Municipal y la Ruinas de San Antonio de Padua, son puntos de visita obligados para todo aquel que desea entender la cultura simoqueña.

Ruinas de San Antonio de Padua.

Situada en Atahona, las ruinas del Convento franciscano de San Antonio de Padua que datan del Siglo XIX (1800) brindan testimonio mudo del proyecto católico en la región. La historia del solar donde se encuentran las ruinas se remontan al Siglo XVIII, cuando Francisco Salcedo dona las tierras a los Jesuítas. Tras su expulsión, las tierras quedaron en poder de la orden Franciscana. A fines del Siglo XIX la familia Figueroa donó la mano de obra y se construyó una Capilla y Convento en Honor a San Antonio de Padua.
El Convento cayó en desuso tras la construcción de una casa de reposo en Tafí del Valle. En 1950 el edificio ya se encontraba en ruinas tras un incendio provocado por una vela encendida por un creyente o la presunta caída de un rayo.

Balneario Municipal.

Ubicado sobre la calle Bartolomé Mitre, el Balneario Municipal es un punto de encuentro en las calurosas tardes del verano tucumano. De entrada libre y gratuita, cuenta con diversas actividades recreativas para el público de todas las edades (bingos, shows musicales en vivo, escuelita de verano etcétera)

Pasado, presente y futuro confluyen en las calles de un pueblo que sonríe al porvenir con el aplomo de la experiencia que sólo pueden brindar los años.

Material fotográfico cortesía de Joaquín Amaya y Tony Ibáñez.

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