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A 20 años de Cromañón: El heroico testimonio de Juan Pomo, un famaillense que marcó la diferencia


El 30 de diciembre de 2004 quedó grabado como una de las noches más trágicas de la historia argentina. La tragedia de República Cromañón, ocurrida durante un recital de la banda Callejeros, dejó un saldo de 194 muertos y más de 1.400 heridos. Entre el caos y la desesperación, emergieron héroes anónimos que arriesgaron todo para salvar vidas. Uno de ellos fue Juan Antonio Pomo, un joven que era voluntario de la Armada Argentina oriundo de Famaillá, quien recuerda ese fatídico día con detalles que aún estremecen.
Actualmente, Juan reside en El Chañar, Neuquén, donde sigue reflexionando sobre los acontecimientos de aquella noche. En una entrevista exclusiva, comparte su experiencia y las lecciones que le dejó haber estado en el centro de una de las peores tragedias del país.

Un héroe en medio del horror
“Fue algo indescriptible. Mira, ahora al contarte se me eriza la piel”, recuerda Juan. Esa noche, mientras estaba de franco, decidió acudir al lugar sin saber que terminaría salvando la vida de decenas de jóvenes. “Me siento bien dentro de todo porque pude ayudar a muchos chicos, pero todavía tengo la impotencia de no haber podido salvar a otros cuatro o cinco que murieron en mis brazos”.
Entre las imágenes imborrables que guarda está una foto icónica en la que aparece auxiliando a una víctima, publicada en la tapa del diario Crónica y en la revista Gente. “Esa foto resume la intensidad de todo lo que pasó, cada segundo era crucial”, asegura.

Los primeros instantes: miedo, parálisis y acción
Cuando Juan llegó al lugar y vio el caos, el impacto inicial lo paralizó. “Estuve sentado en el cordón durante unos 30 o 40 segundos, completamente inmóvil. No sabía qué hacer hasta que reaccioné y empecé a ayudar”. Rápidamente, se involucró en sacar jóvenes del lugar, practicarles RCP y trasladarlos a las ambulancias.
“Había chicos que no podían respirar, con los ojos llenos de lágrimas y el cuerpo colapsado por el monóxido de carbono. Ver sus rostros, sentir sus latidos desaparecer en mis manos, es algo que nunca voy a olvidar”.

La magnitud de la tragedia
Con el paso de las horas, el trabajo de los rescatistas disminuyó mientras aumentaba la magnitud de la tragedia. “Hubo un momento en el que ya no había ambulancias ni equipos de emergencia. Me quedé sentado en la avenida Rivadavia, frente a la Plaza Once, mirando el vacío que había quedado”.
Poco después, retomó su camino hacia el Edificio Libertad, sede del Estado Mayor General de la Armada, donde estaba incorporado como voluntario. Allí recibió el reconocimiento de sus superiores por su tarea solidaria y heroica.

Reflexiones a dos décadas del desastre
Hoy, 20 años después, Juan reflexiona sobre la tragedia y las lecciones que dejó. “Esto nunca debería haber pasado. Cromañón fue el resultado de negligencias evitables. Esa salida de emergencia que estaba bloqueada por un estacionamiento fue una sentencia para muchos. Es un recordatorio constante de que la seguridad nunca debe ser negociable”.
Juan también destaca la importancia de mantener viva la memoria de lo ocurrido. “Las nuevas generaciones necesitan conocer esta historia para que nunca se repita. Es vital que aprendan la importancia de la responsabilidad y la empatía en cualquier ámbito”.
Un mensaje para el presente y el futuro
Con un tono humilde, Pomo subraya que no se considera un héroe, sino alguien que estuvo en el lugar indicado en el momento necesario. “Hice lo que cualquier persona debería hacer: ayudar. Si algo aprendí esa noche, es que cada vida cuenta, y debemos hacer lo imposible por protegerla”.
A dos décadas de Cromañón, Juan Pomo no solo representa el espíritu solidario de Famaillá, sino también el de todos aquellos que, en medio de la adversidad, decidieron extender una mano para salvar vidas. Su historia es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la humanidad puede brillar con una fuerza inesperada.


