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DON SIMEÓN NIEVA: UNA HISTORIA QUE COMENZÓ EN RINCÓN Y TODAVÍA SUENA EN FAMAILLÁ

La historia de Don Simeón Nieva une dos lugares y varias generaciones alrededor de una misma pasión: la música.
Nació un 17 de febrero en Rincón, departamento Pomán, en la provincia de Catamarca. Allí comenzó su camino con la música, en una tierra que nunca dejó de formar parte de su vida.

Años después llegó a Tucumán, como tantos catamarqueños que durante la época de la zafra buscaban trabajo en los ingenios. Su destino fue Famaillá y el Ingenio Fronterita, donde se desempeñó como electricista.
Fue en esta ciudad donde finalmente formó su familia y desarrolló gran parte de su vida, aunque siempre mantuvo un fuerte vínculo con Rincón. Allí también había quedado una parte importante de su historia musical y de aquellas celebraciones populares que marcaron una época, entre ellas los tradicionales carnavales y la quema del Pukllay.
En Famaillá, mientras tanto, su nombre fue ganando reconocimiento dentro del ambiente musical.
Después de aproximadamente cinco décadas vinculadas a la música llegó uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria: fue elegido para recibir la primera Empanada de Oro.
Años más tarde, otro homenaje terminaría dejando su nombre directamente ligado a la historia de la Fiesta de la Empanada: el escenario principal llevó su nombre.
Aquel escenario formaba parte del antiguo Anfiteatro Luis Sandrini y tenía una disposición muy diferente a la actual. Se encontraba de espaldas a los ranchos y de frente a las tribunas. Con el paso del tiempo fue demolido junto al Rancho Mayor y el predio pasó a llevar el nombre de Simeón Nieva.
Pero quizás una de las historias que mejor representa el cariño que había generado sea la de un homenaje que recibió en vida.
Un grupo de jóvenes músicos de Famaillá, integrantes del Movimiento de Cultura Activa, decidió acercarse hasta su casa para compartir una tarde con él. La propuesta fue sencilla: música, familia, amigos, mate cocido y pan casero.
Entre quienes estuvieron presentes también se encontraban Don Hugo Brahim y José Pereyra, junto a otros músicos de la ciudad.
No fue un gran acto ni un homenaje multitudinario. Fue un encuentro entre generaciones alrededor de la música y de una persona que había dedicado buena parte de su vida a ella.
Simeón falleció el 30 de septiembre de 2007, a los 89 años.
Su familia decidió continuar con aquellos encuentros y, con el paso de los años, el homenaje fue creciendo. La música volvió a ocupar la calle donde había vivido, se montó un escenario y nuevamente aparecieron aquellas cosas sencillas que habían formado parte del encuentro en su casa: el mate cocido y el pan casero.
La historia también regresó a Rincón.
Su familia llevó allí uno de los homenajes, cerrando de alguna manera un círculo que había comenzado muchos años antes en aquel pueblo de Catamarca.
Y hay otra forma de medir cuánto perduró la historia de Simeón: mirar a su propia familia.
La música continuó en las generaciones siguientes. Su hijo Hugo “Pacará” Nieva se destacó como guitarrista famaillense. Después siguió Alejandro Nieva y actualmente Inti, con 11 años, comienza a acercarse también a la música.
No es solamente una sucesión de nombres. Es una tradición familiar que continúa.
Simeón llegó a Famaillá por trabajo y terminó construyendo aquí una parte fundamental de su vida. Nunca dejó de lado sus raíces catamarqueñas y tampoco dejó de lado la música que había comenzado a acompañarlo desde Rincón.
Hoy su nombre permanece en uno de los lugares más importantes vinculados a la Fiesta de la Empanada.
Pero su verdadera historia está también en otro lugar: en las personas que lo conocieron, en las canciones que quedaron como recuerdo y en una familia que todavía mantiene viva aquella relación con la música.
Una historia que comenzó en Rincón y que todavía suena en Famaillá.

