ARCHIVO FAMAILLA
Memoria de un personaje inolvidable: la vida de Ricardo “Moneda” Domínguez

Ricardo Domínguez, popularmente conocido como “Moneda”, recorrió las calles de nuestra ciudad con su cajón de lustrar y su radio a cuestas, dejando una huella imborrable en la memoria de los vecinos.
Ricardo nació en la localidad de Mercedes y llegó al Barrio Elías Pérez cuando apenas tenía quince años. En ese entonces comenzó su oficio como lustrabotas en los alrededores de la plaza y los bares, una tarea que lo acompañaría durante décadas y que le valió el cariñoso apodo de “Moneda”. Su figura era inconfundible: flaco, rubio y desgarbado, siempre caminaba acompañado por una radio portátil, un regalo recordado de José Guillermo Iosa que le permitía estar conectado con el mundo mientras trabajaba.

Su gran pasión fue el fútbol y, aunque simpatizaba por Boca Juniors, su corazón pertenecía antes que nada al Club Famaillá. Los vecinos lo recuerdan por su asombrosa capacidad para recitar de memoria las formaciones históricas del equipo local, nombrando sin dudar a jugadores como “Coche Galván” o “Camperito”. Protagonizó anécdotas memorables en la cancha, como aquella tarde en que un rival vistió la camiseta de Atlético mientras su querido “Fama” jugaba con una indumentaria naranja poco habitual.
A pesar de haber conocido de cerca el hambre y la soledad, “Moneda” supo ganarse el respeto y la simpatía de la comunidad famaillense a través de su honestidad y su presencia constante en la esquina o el bar. No era simplemente un trabajador de la calle, sino un hombre que conocía la verdad de su pueblo y cuyas penas prefería no contar para no lastimar a los demás. Por eso, su nombre quedó grabado en los versos que se le dedicaron en vida, reconociéndolo como una parte esencial de la realidad cotidiana de la ciudad.

El 4 de diciembre de 2021, tras atravesar problemas de salud que derivaron en varias internaciones, el “Lustrín famaillense” falleció en horas de la tarde. Su partida generó un profundo pesar entre los vecinos, quienes lo despidieron con el compromiso de mantenerlo vivo en la memoria colectiva. Su partida marcó el cierre de una etapa para la vida social de Famaillá, pero también consolidó su transformación en una leyenda urbana que representa la esencia de la perseverancia y el respeto mutuo en el trato diario.
Como un acto de justicia para nuestra memoria social y deportiva, su imagen debería quedar inmortalizada definitivamente en las paredes del Club Famaillá. Un mural que lo retrate con su radio y sus herramientas de trabajo sería el homenaje perfecto para que su presencia acompañe por siempre a las futuras generaciones de hinchas, recordándoles que la grandeza de una institución también se construye con la lealtad de personajes tan queridos como él.


