Archivo Fronterita: historia y memoria
Archivo Fronterita : una reparación espiritual para las familias y el valor de la memoria

Regresar al territorio del Ingenio representa una reparación para las familias desplazadas, quienes hoy mantienen vivo el anhelo de recuperar la vida social que el monte oculta.
Durante décadas, cruzar la frontera invisible del Ingenio Fronterita fue una tarea difícil para muchos antiguos pobladores debido al temor instalado por los desalojos forzados. Sin embargo, en los últimos años, un proceso de sanación colectiva permitió que sobrevivientes e hijos vuelvan a caminar por los senderos donde alguna vez estuvieron sus hogares. Este regreso permite dimensionar que, aunque las paredes físicas hayan caído, la historia compartida permanece inalterable en el recuerdo de quienes la habitaron, convirtiendo ese encuentro con la tierra en un punto de partida para sanar el presente.

Uno de los símbolos más potentes de este reencuentro es el de las plantas que perduran en el paisaje, resistiendo al paso del tiempo y al avance de las plantaciones industriales. En sitios donde hoy solo se encuentran campos vacíos, todavía persisten vestigios como las raíces de las viejas plantas, que daban sombra a las charlas sobre política y los festejos vecinales. Estos elementos vegetales representan la firmeza de la memoria: el monte pudo tapar los ladrillos, pero no pudo arrancar el sentimiento de pertenencia que late en cada habitante del pedemonte.
Aceptar la procedencia de Fronterita, a pesar de haber vivido gran parte de la existencia en otros destinos, es un acto de soberanía sobre la propia identidad que fortalece a la comunidad famaillense. Este archivo funciona como un acto de justicia para que el nombre de los obreros azucareros sea respetado, demostrando que la comunidad sigue viva en el mundo interno de cada persona.
Más allá del recuerdo, surge hoy una visión, como un sueño compartido por los descendientes de las colonias: la posibilidad de volver a habitar ese suelo. Sería un acto de verdadera reparación que se creara un barrio o se cedieran terrenos para que los empleados del ingenio y las familias desplazadas puedan construir sus viviendas en el lugar de sus raíces. Imaginar que la vida social de las colonias resurja, con sus encuentros y su mística de unión, es la fuerza que impulsa a nuestro pueblo a no permitir que el último silbato del olvido gane la partida.

