Archivo Fronterita: historia y memoria
Crecer entre cañas: Crónica de una infancia de alpargatas

La niñez en las colonias del Ingenio Fronterita estuvo marcada por el contraste entre la libertad de los juegos al aire libre y la temprana incorporación a las duras tareas del surco tucumano.
Los hijos de los obreros azucareros en Fronterita se criaban prácticamente juntos, recorriendo acequias y pateando pelotas de trapo. En un entorno de familias numerosas, las calles de las colonias se convertían en patios compartidos donde la imaginación de los chicos suplía la falta de juguetes industriales.

Muchos de estos niños caminaban descalzos o en alpargatas gastadas varios kilómetros para llegar a sus centros de estudio. El trayecto por los senderos polvorientos del pedemonte era una oportunidad para el encuentro entre amigos, aunque el cansancio ya empezaba a asomar antes de pisar el aula escolar.
A partir de los ocho o nueve años, la inocencia solía interrumpirse por la necesidad del hogar. Era común ver a los chicos saliendo de clase a media mañana para llevar el almuerzo a sus padres al cañaveral, quedándose luego a apilar maloja o ayudar en la carga de los carros para sumar al jornal.
Pese a las carencias materiales, quienes vivieron aquellos años en Famaillá recuerdan una infancia cargada de dignidad. Los juegos de “la comidita” o las expediciones al cerro para cazar pájaros forman parte de la memoria de una generación que aprendió el valor del esfuerzo desde su primer paso.

