Archivo Fronterita: historia y memoria
Los trabajadores golondrinas: La romería que transformaba el paisaje de Fronterita

Cada mes de mayo, el inicio de la zafra atraía a cientos de familias de Santiago del Estero y Catamarca. Estos trabajadores temporarios, conocidos como “golondrinas”, traían consigo sus costumbres, su música y su alegría.
La llegada de los “golondrinas” era un evento social que cambiaba el ritmo de las colonias. Arribaban en camiones, camionetas o trenes, cargando valijas, catres, ollas y todo lo necesario para instalarse durante los meses que durara la molienda. Para muchos, Fronterita era su segundo hogar, regresando año tras año al mismo “nido”.

Para alojarlos, el Ingenio disponía de los “conventillos”, pabellones de material ubicados cerca de la fábrica. Sin embargo, ante la gran cantidad de gente, muchos terminaban armando ranchos de “despunte” (restos de caña) en las zonas aledañas como Los Laureles o Sauce Huacho, creando asentamientos temporales que latían al ritmo de la zafra.
La integración cultural era inmediata, especialmente en los patios familiares donde se organizaban bailes. El patio de la familia Díaz, en Los Laureles, era el epicentro de estos encuentros, donde el escenario se llenaba de santiagueños que compartían su música, creando vínculos que en muchos casos terminaron en matrimonios y familias que se radicaron definitivamente en Tucumán.
Al finalizar la cosecha, la romería emprendía el regreso. Los trabajadores cargaban sus carros con mercadería comprada en la zona para llevar a sus provincias de origen. La partida dejaba un silencio melancólico en las colonias, marcando el inicio de la “interzafra” y la lucha por la subsistencia hasta el próximo año.


